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Ya soy licenciado en historia del arte

Hace unos días hice el último examen, entregué la última memoria, la última práctica …

Ahora voy conociendo las notas poco a poco, de momento voy bastante bien, no creo que me quede nada para septiembre.

Es increible como pasa el tiempo, verdad?? Y las vueltas que da la vida … Parece que fuese ayer cuando estaba en El Pilar, en la clase de biología o de química mirando por la ventana y pensando en mi futuro como médico, como arquitecto, como ingeniero forestal …

Y hoy, algunos años después, soy licenciado en Historia del Arte, quien me lo iba a decir, todo por aquel accidente en bici, todo por no haber ido al camino en el verano de 3º de BUP con mi grupo de xaire, sino ir al año siguiente en el verano de COU y en solitario …

Tengo clarísimo que sin aquel accidente con la bici ahora no sería licenciado en esta carrera, no sé que habría sido de mi vida, pero tengo muy claro que no sería ni parecido a lo que soy ahora. El camino me forjó fuertemente mi personalidad, me quitó ese pijerío repelente del que presumía, me hizo acercarme más a la gente …

Que alegría ahora echar la vista atrás y ver el camino recorrido, ver las veces que me caí y me volví a levantar, la crisis en la que casi dejo la carrera… Estoy seguro que nunca seré un gran historiador del arte, que nunca investigaré algo maravilloso o algo insólito… Pero lo que tengo claro es que amaré día a día mi trabajo, todo aquello que haga; ya sea como profesor, como escritor, como educador, como …

Bueno, no me enrollo más … ahora ya puedo quitar eso del casi casi historiador del arte de la columna de mi presentación.

Un abrazo de paz,

Miguel Perles “perlegrino”, clm

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… y se cumplió un sueño … y conocí a Coelho

Hace casi seis años, en un pequeño pueblo de León, Santibáñez de Valdeiglesias, escuché por primera vez el nombre de Paulo Coelho. Me llamó la atención que un chico brasileño, a raíz de haberse leído su libro se viniera a España para hacer el camino de Santiago.

Desde aquel instante comencé a admirar a este escritor, muy bien debería de escribir para conseguir que alguien se pusiera en camino, desde un país tan lejano, dejando atrás a su familia, a sus amigos…

Hace unos cuatro años, una mujer mexicana se vino desde su país a España para peregrinar a Compostela. De la alegría que esto me produjo, me atreví a enviarle un mail a Paulo Coelho, contándole toda esta historia, a los días me contestó su secretaria, fue increible…

El año pasado recibí un mail de su secretaría avisándome que iba a estar en Santiago de Compostela, firmando libros. No dudé ni un instante en plantarme allí con toda mi “biblioteca Coelho”, que ya tengo firmada.

Cuando le saludé, le recordé la historia que le había contado años atrás via mail, y lo más sorprendente es que la recordaba… recordaba que comencé mi camino en San Sebastián con 17 años… me dejó bastante flipado.

Y lo que más ilusión me hizo es que se puso de pie para hacernos la foto, con todo el resto de gente se quedó sentado…

Me faltó tiempo para hablar con él, pero me queda el dulce recuerdo de su abrazo de despedida…

Paz y bien, Mikel Perles “perlegrino”

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12 de octubre del 2006 – Incendio de un coche en la entrada de Valencia

Hola familia,

Aquí os dejo otro fragmento de las pequeñeces de los foros del ágora, donde narro cómo ocurrió un incendio, todavía me pongo nervioso cuando paso por la esquina donde ocurrió todo.

Ayer mientras comía con mi madre y mi abuela, les dio el punto de irse a Altea (mi padre y mi hermana ya estaban allí) a pasar el puente de la pilarica… A mi abuela le da miedo ir en mi coche, porque dice que es muy viejo y poco seguro, así que llamamos a mis tios por si podían llevarla, pero ninguno podía, no obstante uno de ellos le dijo, pues le dejo el coche a miguelito y que os lleve él. Yo no iba porque hoy y mañana me marcho de ruta ciclista por el monte con unos monis de Xaire.

La cuestión es que me deja su coche, nos vamos a Altea, de momento todo correcto …

Aprovecho y ya que estoy pues me quedo a cenar y a dormir, voy a ver a mi yaya (la otra abuela) y la convenzo para que se venga también a cenar. Cenamos juntos, tres generaciones sentadas en la misma mesa, las dos abuelas compiten a ver quien toma más pastillas, a ver quien come menos, a ver quien ve más guapo a su nietecito… esas cosas que hacen las mujeres a los noventaitantos.

Mientras ceno, disfruto un montón de las dos abuelas, con sus historias repetitivas una y otra vez, pero qué ilusión les hace sentirse escuchadas.

Esa fue mi pequeñez de ayer, pero aquí no acaban las aventuras …

Regreso a Valencia, por autopista, todo normal, pero al llegar a Valencia, justo mientras entro a la ciudad, comienza a oler a combustible, a salir humo, mucho humo, paro el coche, cada vez huele más, me temo lo peor. Comienza a salir una pequeña llama. Entro, saco la mochila, abro el maletero pillo los triángulos, los pongo, el fuego comienza a aumentar… Un coche frena abre la ventanilla y me da un extintor, vacio el extintor sobre el motor. Pienso en la cara que me pondrá mi tio al verlo… Recuerdo el incendio en casa de mi abuela hace unos años… El extintor se acaba, abro el maletero y saco todos los bártulos… Para otro chico jovencito, algo borracho (creo que todavía no se había acostado a dormir), me dice: ¿Que se te está quemando el coche nen?, y me da otro extintor, lo vacio de nuevo…

Las llamas rozan los 3 metros, tengo miedo que explote…

No tardan en llegar bomberos, policía local, guardia civil y hasta la prensa… llamo a mi tio, algo nervioso, le cuento lo ocurrio, me dice que tranquilo que no pasa nada, que viene hacia aquí.

Los bomberos lo apagan, me preguntan por el seguro, por el taller… yo no tengo ni idea, les cuento toda la historia y me dicen que la “casualidad” es que no me ocurriese ayer de camino a Altea, o a mitad de la autopista. Les pregunto qué es lo que ha ocurrido, resulta que había una fuga en el combustible y al gotear en el alternador ha salido la chispa, que ha bloqueado el sistema electrónico, dice que podría haberme quedado atrapado en el coche, pero que reaccioné rápido saliendo del vehículo enseguida. Y mientras me miraba la cruz TAU, me dice: “A lo mejor te ha salvado esto” y me guiña el ojo.

Ha llegado mi tio, yo temía su reacción, pero se lo ha tomado con humor, me ha hecho darme cuenta que habría sido muchisimo peor que ocurriese ayer con su madre y su hermana también dentro, con sus dificultades para moverse. Mi abuela ya sufrió un incendio en su día y ya tuvo bastante.

Me ha dicho que tenemos que dar gracias a Dios porque haya ocurrido hoy mientras conducía yo solo, y porque estemos todos bien. El coche no tenía más de dos años, pero justamente ayer salió del taller por un problema en el motor y según los bomberos el origen ha sido una fuga en un manguito del combustible, ya veremos qué dicen los jueces…

Pues esa ha sido mi pequeñez, el comentario del bombero respecto mi TAU, la reacción de mi tio, la alegría que me haya ocurrido solamente a mí, sin nadie más en el coche.

Gracias Señor por todas esas “casualidades” … como decía mi abuelo Ramón …

“LOS TONTOS LLAMAN CASUALIDAD A LA PROVIDENCIA”

Miguel Perles Alabau “perlegrino“, CLM

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23 de mayo del 2001 – Incendio en casa de mi abuela

El día, un miércoles, era muy caluroso, lo normal en estas fechas en Valencia, por la mañana había tenido 2 exámenes finales y por la tarde tenía otro más (de matemáticas). Al mediodía fui a comprar el pan para mi familia y para mi abuela (que desde que había fallecido mi abuelo se había mudado a un piso en el mismo edificio que el mío, yo vivo en el once y ella en el ocho) “casualmente” se me olvidó devolverle las llaves a mi madre.

Desde que falleció mi abuelo todos los nietos vamos a pasar la noche con mi abuela, nos vamos turnando cada día, yo como no salía los fines de semana (sigo sin hacerlo) iba los viernes y sábados. Por lo tanto mi abuela tenía la habitación de los nietos, con 2 camas, una mesa para estudiar, una estantería con mogollón de libros de mi abuelo, la silla, el flexo… lo típico. Pues bien yo estaba de exámanes y como la mayoría de las abuelas cuando los nietos tienen exámanes, le ponen una velita a …

Seguimos en el piso 11, estamos mi madre, mi hermana y yo comiendo (mi padre salía de trabajar más tarde), mi madre había hecho bizcocho en el horno (todos los detalles son importantes en la historia) y mi hermana dice: “huelo a quemado” a lo que responde mi madre: “anda Miguel, levántate y mira el horno”. Miguel se levanta, mira… pero todo en orden (yo no olía a nada). Seguimos comiendo y… “pues yo sigo diciendo que huele a quemado”, “Miguel has mirado bien el horno”… Miguel otra vez mira el horno… “todo en orden madre”, pero antes de sentarse de nuevo en la mesa: ringgg!! ringgg!!! ringgggg!!!!! (la puerta) abro y la vecina del piso 9, histérica, chillando “Fuego en casa de tu abuela!!!!!”

En esos momentos, no pensé en nada, solamente en bajar corriendo a ver qué ocurría. Le di un empujón a mi pobre vecina del 9º y bajé las escaleras, saltando los escalones de 6 en 6. Llegué a la puerta, el olor a humo era cada vez mayor. “Casualmente” todavía tenía las llaves de mi madre en el bolsillo, ya que me olvidé de devolvérselas con las vueltas del pan.

Abrí la puerta y … un espeso humo negro salío a toda velocidad del interior, nunca antes había visto un incendio (exceptuando ver como se quema una falla), pero entendí todas las películas cuando el humo es negro, pero negro oscuro y solamente ocupa la parte de superior de las casas (creo que esto es debido a la temperatura del aire). La cuestión es que viendo este panorama no podía hacer otra cosa que no fuese entrar.

Gritaba: Abu!!! Abuela!!! Abu!!! Lo primero que hice, fue entrar a la cocina, a ver los fuegos, pero extrañamente el humo no provenía de allí, me extrañó (yo pensaba que todos los incendios se generan en las cocinas), vi el plato de comida de mi abuela en la mesa, había comenzado a comer, pero ella no estaba, la silla estaba apartada y no había cojido el bastón.

Donde estaría?? Seguí chillando: Abuela!!!! Abuela, contesta por favor!!! Intenté averiguar de donde venía el humo, salí al pasillo y noté que el humo venía de una de las habitaciones, precisamente de la habitación de los nietos. Seguí chillando, pero nadie contestaba. Como la visibilidad en el pasillo, en la parte superior era nula, me agaché y vi los pies de mi abuela en diagonal, apoyados en una de las paredes del pasillo. Corrí hacia allí. Estaba mi abuela rígida, tensa, fría, me dio la impresión que no estaba consciente, en ese momento pensé lo peor, no podía estar ocurriéndome esto a mí, por favor!!!!!

Le hablaba, pero no me contestaba, la saqué a rastras de allí (de algo me sirvió el curso de socorrista, para saber como evacuar a las víctimas), la saqué de las axilas, con los pies arrastrando, una vez fuera de su casa, en el rellano de la escalera, la acosté en el suelo. En ese momento bajaron mi hermana y mi madre, llorando y llorando. En el momento que la dejé en el suelo, abrió lo ojos, me miró y me dijo: “Micalet, hi ha foc a la vostra habitaciò”. Yo me alegré enormemente, aquello que unos segundos antes había pasado por mi cabeza, solo había sido fruto del nerviosismo del momento.

Le dije a mi madre y a mi hermana (y algunos vecinos que comenzaban a salir de sus casas) que se quedasen allí, que le dieran conversación a mi abuela y que procuraran que no perdiera la consciencia. Yo, me levanté cojí el extintor y me volví a meter en la casa, tras el grito de mi madre de: “no, no lo hagas!!”. Todavía 5 años después sigo sin entender porqué lo hice, pero lo hicé.

Entré hasta la habitación, era imposible respirar, tenía que aguantar la respiración, nunca antes había manejado un extintor, apreté la manivela, pero no funcionó, recordé que tenían una anilla de seguridad, la quité, y volví a presionar, una nube de polvo blanco salió despedida de la manguera, no tuve más remedio que respirar, el calor era insoportable, se estaba quemando la estantería, la mesa, una de las camas… Yo seguia allí apretando el extintor, feliz, pensando que mi abuela estaba viva.

De repente escuché un estruendo, un ruido espantoso, me asusté, pensaba que se estaba cayendo el techo, pero me dí cuenta que las llamas habían quemado también la cinta de la persiana y el ruido había sido provocado por que la persiana había caido de golpe. El polvo blanco del extintor se acabó, el fuego parecía que ya no tenía tanta fuerza como antes, pero todavía quedaban unos pequeños focos.

Salí de nuevo al rellano, la reunión de vecinos comenzaba a aumentar, había por lo menos 10 o 12 personas. Mi abuela seguía allí en medio, en el suelo, hablando con mi madre, diciendo: “On està Micalet?? i Micalet??”.

Un inteligente vecino, habia traido el extintor de su piso, lo agarré, pese a la negativa de mi madre, le prometí que en menos de un medio minuto saldría. Mis vecinos se limitaban a mirar…

Entré, y vacié de nuevo el polvo blanco del extintor por toda la habitación. El fuego había desaparecido, no me lo podia creer, el panorama era desolador. El cristal de la ventana se había roto del calor, el plástico de la persiana se había derretido, el colchón no era más que un montón de muelles y alambres, la mesa, los libros, la silla, todo eran cenizas…

Salí de nuevo, mi madre estaba muy nerviosa, pero yo me sentía enormemente tranquilo, una extraña sensación recorría todo mi cuerpo. En esos momentos llegaron los bomberos, subieron corriendo por las escaleras, con la manguera, pero… ya no había ningún fuego. Se sorprendieron, incluso había abierto alguna de las ventanas del salón para que el humo se fuese más rápido.

Preguntaron quien lo había apagado, todos los vecinos me señalaron, yo no sabía si sentirme culpable, o no… Me dijeron que un gran trabajo, pero que a la próxima no me jugase la vida, que una vez mi abuela estaba fuera no merecía la pena volver a entrar, que todo habrían sido pérdidas materiales. Yo les contesté que en ese momento no pensé nada, simplemente un extraño impulso, al ver el extintor me empujó adentro de nuevo.

Mi madre, sin dejar de llorar, decía: “Es que mi hijo siempre ha querido ser bombero!!” (era una de las carreras que barajaba en aquellos momentos), y recuerdo que me dijeron: “Pues chaval, las prácticas ya las tienes aprovadas

A continuación, nos llevaron a mi abuela y a mí a la ambulancia de los bomberos, habíamos respirado muchisimo humo cenizas, yo incluso tenía parte del pelo quemado. Nos limpiaron con unos tubos extraños las fosas nasales y nos dieron a respirar un nosequé, para limpiar las vias respiratorias. Mi abuela no hacía más que darme abrazos y besos.

Me duché y me planté delante de un examen de matemáticas, que por supuesto dejé en blanco.

Mi abuela se pasó toda la tarde pegada al teléfono, creo que llamó a toda el listín telefónico. Me hacía gracia porque decía: “Micalet es el meu heroi”, una y otra vez.

Yo no quiero pensar que le salvé la vida, pero muchas veces he pensado… si esto le hubiese pasado en su otra casa y hubiese tenido que esperar a los bomberos?? O si no me hubiese atrevido a entrar, o si… Pero al final pienso, lo que pasó, pasó y no lo podemos cambiar y es mejor no darle vueltas al “que habría podido pasar”.

Hoy, 5 años después, mi abuela está más bien que bien, con 92 añitos a sus espaldas, sigue viviendo en el 8º, aunque tuvimos que pintar de nuevo todo el piso, porque el olor a barbacoa no se iba, sale a pasear todos los días, hace un arroz al horno pa’chuparse los dedos, y está más bien que bien.

Ya sabeis … los tontos llaman casualidad a la providencia.

Paz y bien, hermanos!!!

Mikel Perles “perlegrino”

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