Alguien dijo alguna vez que cuando se viaja a latinoamérica, tú regresas en avión, pero tu alma regresa en barco.

Hace unos meses pensaba que esto era una exageración ahora me parece que se queda corto. He viajado y vivido por latinoamérica durante cerca de dos meses y… parece que hayan sido años, he tenido tantísimas experiencias y todas ellas tan maravillosas, tan fantásticas, tan diferentes…
Desde bucear cogido a una tortuga cerca de la Isla de la Plata, convivir con los indígenas cofanes de la amazonía ecuatoriana, bañarme en aguas termales que salen de un volcán a casi 3000 metros de altura en el sur de Colombia, escuchar el amanecer en la selva cerca del Yasuní, jugarte la vida de copiloto en un taxi por Guayaquil, pasear por las maravillosas playas del pacífico, comer desde cui (una especie de rata) hasta unas deliciosas arepas, ir en canoa a la isla de bonita por un zona repleta de manglares en la provincia de Esmeraldas (Ecuador), participar en un campo de trabajo con la ONG “Un techo para Ecuador” construyendo una casa en “El León Dormido” cerca de Quito, tener soroche (mal de altura) paseando por la cordillera blanca cerca del Huascarán, viajar en la parte de atrás de un camión que transporta sacos de arroz, disfrutar de la celebración del décimo aniversario de la casa de formación de pastoral rural de Otuzco (Perú)…
Aterricé a mediados de julio en Lima, allí me esperaban unos amigos, pasamos unos días juntos conociendo la ciudad, algunos de sus museos, su playa, sus barrios… Desde allí viajé, junto a Cris a Huaraz, el corazón de la Cordillera Blanca, donde unos días después caminando por las faldas del Huascarán fui víctima del soroche. Desde allí, bajamos a la costa de nuevo, a Trujillo y a Otuzco, donde pasé unos poquitos días, conviviendo con la comunidad de allí, celebrando su décimo cumpleaños… Fue estupendo compartir esos días con ellos. Seguí subiendo hacia el norte, hasta la magnífica playa de Mancora, donde pasé un par de días junto a Roser y a Lily de las Casas.
Crucé la frontera con Ecuador, donde pasé la mayoría del tiempo, viajando desde el sur hacia el norte, durmiendo con la tienda de campaña donde podíamos, en las playas, en la sierra, incluso en la selva. Comencé a conocer Ecuador por Loja, Vilcabamba y el Valle Sagrado, caminamos por las faldas del Podocarpus, conocimos a un artesano que nos dejó dormir en su casa esos días, cocinando a leña, patatas, cebollas… ummm

Continuamos nuestro viaje hacia Cuenca, luego por el parque nacional de Cajas hasta Guayaquil. Que paisajes tan maravillosos, que belleza, que biodiversidad…
Desde Guayaquil, continuamos por las playas, hasta Porto Lopez, donde pasamos cerca de diez días, relajándonos tumbados en una hamaca frente al mar, leyendo, jugando al voley… Desde aquí es desde donde fui a la Isla de la Plata, vi las ballenas, las tortugas, el piquero patas azules…


El viaje continuaba, por las playas, increíbles playas… Hacia Santo Domingo, visitando los bosques húmedos de la zona, bañándonos en sus ríos, con sus cascadas… Continuamos nuestra aventura hacia la provincia de Esmeraldas, fuimos a Quininde, compartimos unos días con los miembros de la UONCRE, una ong que trabaja con los campesinos del río Esmeraldas, fuimos con ellos a visitar algunas de las comunidades, en canoa por el río, que paisajes!!!

Desde aquí, a Quito… donde apenas estuve media hora antes de irme a un campo de trabajo, cerca de Tumbaco y Cumbaya, conviviendo con la comunidad del León Dormido, aprendiendo de ellos y con ellos, construyendo una casa con la técnica innovadora del “súper adobe”. Quizás esta fue una de las mejores experiencias del viaje. Regresé a Quito, a conocerlo un poquito más, a ir a la mitad del mundo, a algún que otro museo, recorrer sus iglesias montado en bicicleta… A los pocos días regresé de nuevo al campo de trabajo, tenía “mono” de estar allí… Desde Quito, salió la oportunidad de irnos a la amazonía, con una ong “Acción Ecológica”, era un viaje de concienciación por el tema de las petroleras y como están arrasando el bosque amazónico… convivimos con los indígenas “cofanes”, recorrimos ríos, sendas, pistas, sin palabras…

Nuestro viaje continúa hacia el norte, por Otavalo, el mayor mercado de artesanía de todos los andes, miles de hamacas, gorros, guantes, chaquetas… los colores se barajan, se mezclan… Cerca de Otavalo pasamos una noche en casa de un chamán… conversé con él, bajo las estrellas, en torno a un fuego, horas y horas…
Cruzamos la frontera, a Colombia, el fin de nuestro viaje se acerca, pero las aventuras todavía nos sorprenderán… en Popayán pasamos un día, luego seguimos hasta la sierra, cerca de un volcán, donde después de dormir con la tienda de campaña (a cerca de 3000 metros) y pasar una de las noches más frías de mi vida), al día siguiente nos bañamos en unas aguas que salían del volcán y quemaban… que paisajes tan diferentes a todo lo que estamos acostumbrados…
Desde aquí, llegamos a Bogotá, paseamos por sus empinadas calles, visitamos algún museito, yo me escapo una mañana para ver la Catedral de Sal de Zipaquirá, la mayor iglesia construida bajo tierra, absolutamente sorprendente. Ese mismo día, por la tarde salía nuestro vuelo de regreso…

Que impacto tan grande, después de 14 horas de vuelo, aterrizar en Madrid, que extraño fue todo al principio…
Ahora un mes y poquito después todavía sigo sin quitarme esta experiencia de la cabeza… Pienso en las gentes que conocí, con las que conversé, con las que compartí su tiempo y muchas veces su mesa también, junto a las que recé, con las que disfruté

Todo viaje, es una gran experiencia, pero desde mi joven experiencia creo que un viaje a latinoamérica, es especial. Yo he viajado bastante, pero siempre por Europa; Portugal, Italia, Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Croacia… Pero latinoamérica es como irse a otro mundo, todo es tan tan tan diferente, tan enriquecedor, tan intenso…
Sueño con el momento de poder regresar de nuevo a aquellas latitudes, quizás dentro de poco…
De momento, estoy de nuevo acá, en mi rutina, en mi ciudad, con muchos proyectos en la mente y no todo el tiempo que me gustaría para poder dedicarles…
Un fuerte abrazo amigos, perlegrino
PD.- Si quieres ver algunas fotos más (y más grandes) de mi experiencia latinoamericana de este verano 2008, haz clik aquí.