23 de mayo del 2001 – Incendio en casa de mi abuela

El día, un miércoles, era muy caluroso, lo normal en estas fechas en Valencia, por la mañana había tenido 2 exámenes finales y por la tarde tenía otro más (de matemáticas). Al mediodía fui a comprar el pan para mi familia y para mi abuela (que desde que había fallecido mi abuelo se había mudado a un piso en el mismo edificio que el mío, yo vivo en el once y ella en el ocho) “casualmente” se me olvidó devolverle las llaves a mi madre.

Desde que falleció mi abuelo todos los nietos vamos a pasar la noche con mi abuela, nos vamos turnando cada día, yo como no salía los fines de semana (sigo sin hacerlo) iba los viernes y sábados. Por lo tanto mi abuela tenía la habitación de los nietos, con 2 camas, una mesa para estudiar, una estantería con mogollón de libros de mi abuelo, la silla, el flexo… lo típico. Pues bien yo estaba de exámanes y como la mayoría de las abuelas cuando los nietos tienen exámanes, le ponen una velita a …

Seguimos en el piso 11, estamos mi madre, mi hermana y yo comiendo (mi padre salía de trabajar más tarde), mi madre había hecho bizcocho en el horno (todos los detalles son importantes en la historia) y mi hermana dice: “huelo a quemado” a lo que responde mi madre: “anda Miguel, levántate y mira el horno”. Miguel se levanta, mira… pero todo en orden (yo no olía a nada). Seguimos comiendo y… “pues yo sigo diciendo que huele a quemado”, “Miguel has mirado bien el horno”… Miguel otra vez mira el horno… “todo en orden madre”, pero antes de sentarse de nuevo en la mesa: ringgg!! ringgg!!! ringgggg!!!!! (la puerta) abro y la vecina del piso 9, histérica, chillando “Fuego en casa de tu abuela!!!!!”

En esos momentos, no pensé en nada, solamente en bajar corriendo a ver qué ocurría. Le di un empujón a mi pobre vecina del 9º y bajé las escaleras, saltando los escalones de 6 en 6. Llegué a la puerta, el olor a humo era cada vez mayor. “Casualmente” todavía tenía las llaves de mi madre en el bolsillo, ya que me olvidé de devolvérselas con las vueltas del pan.

Abrí la puerta y … un espeso humo negro salío a toda velocidad del interior, nunca antes había visto un incendio (exceptuando ver como se quema una falla), pero entendí todas las películas cuando el humo es negro, pero negro oscuro y solamente ocupa la parte de superior de las casas (creo que esto es debido a la temperatura del aire). La cuestión es que viendo este panorama no podía hacer otra cosa que no fuese entrar.

Gritaba: Abu!!! Abuela!!! Abu!!! Lo primero que hice, fue entrar a la cocina, a ver los fuegos, pero extrañamente el humo no provenía de allí, me extrañó (yo pensaba que todos los incendios se generan en las cocinas), vi el plato de comida de mi abuela en la mesa, había comenzado a comer, pero ella no estaba, la silla estaba apartada y no había cojido el bastón.

Donde estaría?? Seguí chillando: Abuela!!!! Abuela, contesta por favor!!! Intenté averiguar de donde venía el humo, salí al pasillo y noté que el humo venía de una de las habitaciones, precisamente de la habitación de los nietos. Seguí chillando, pero nadie contestaba. Como la visibilidad en el pasillo, en la parte superior era nula, me agaché y vi los pies de mi abuela en diagonal, apoyados en una de las paredes del pasillo. Corrí hacia allí. Estaba mi abuela rígida, tensa, fría, me dio la impresión que no estaba consciente, en ese momento pensé lo peor, no podía estar ocurriéndome esto a mí, por favor!!!!!

Le hablaba, pero no me contestaba, la saqué a rastras de allí (de algo me sirvió el curso de socorrista, para saber como evacuar a las víctimas), la saqué de las axilas, con los pies arrastrando, una vez fuera de su casa, en el rellano de la escalera, la acosté en el suelo. En ese momento bajaron mi hermana y mi madre, llorando y llorando. En el momento que la dejé en el suelo, abrió lo ojos, me miró y me dijo: “Micalet, hi ha foc a la vostra habitaciò”. Yo me alegré enormemente, aquello que unos segundos antes había pasado por mi cabeza, solo había sido fruto del nerviosismo del momento.

Le dije a mi madre y a mi hermana (y algunos vecinos que comenzaban a salir de sus casas) que se quedasen allí, que le dieran conversación a mi abuela y que procuraran que no perdiera la consciencia. Yo, me levanté cojí el extintor y me volví a meter en la casa, tras el grito de mi madre de: “no, no lo hagas!!”. Todavía 5 años después sigo sin entender porqué lo hice, pero lo hicé.

Entré hasta la habitación, era imposible respirar, tenía que aguantar la respiración, nunca antes había manejado un extintor, apreté la manivela, pero no funcionó, recordé que tenían una anilla de seguridad, la quité, y volví a presionar, una nube de polvo blanco salió despedida de la manguera, no tuve más remedio que respirar, el calor era insoportable, se estaba quemando la estantería, la mesa, una de las camas… Yo seguia allí apretando el extintor, feliz, pensando que mi abuela estaba viva.

De repente escuché un estruendo, un ruido espantoso, me asusté, pensaba que se estaba cayendo el techo, pero me dí cuenta que las llamas habían quemado también la cinta de la persiana y el ruido había sido provocado por que la persiana había caido de golpe. El polvo blanco del extintor se acabó, el fuego parecía que ya no tenía tanta fuerza como antes, pero todavía quedaban unos pequeños focos.

Salí de nuevo al rellano, la reunión de vecinos comenzaba a aumentar, había por lo menos 10 o 12 personas. Mi abuela seguía allí en medio, en el suelo, hablando con mi madre, diciendo: “On està Micalet?? i Micalet??”.

Un inteligente vecino, habia traido el extintor de su piso, lo agarré, pese a la negativa de mi madre, le prometí que en menos de un medio minuto saldría. Mis vecinos se limitaban a mirar…

Entré, y vacié de nuevo el polvo blanco del extintor por toda la habitación. El fuego había desaparecido, no me lo podia creer, el panorama era desolador. El cristal de la ventana se había roto del calor, el plástico de la persiana se había derretido, el colchón no era más que un montón de muelles y alambres, la mesa, los libros, la silla, todo eran cenizas…

Salí de nuevo, mi madre estaba muy nerviosa, pero yo me sentía enormemente tranquilo, una extraña sensación recorría todo mi cuerpo. En esos momentos llegaron los bomberos, subieron corriendo por las escaleras, con la manguera, pero… ya no había ningún fuego. Se sorprendieron, incluso había abierto alguna de las ventanas del salón para que el humo se fuese más rápido.

Preguntaron quien lo había apagado, todos los vecinos me señalaron, yo no sabía si sentirme culpable, o no… Me dijeron que un gran trabajo, pero que a la próxima no me jugase la vida, que una vez mi abuela estaba fuera no merecía la pena volver a entrar, que todo habrían sido pérdidas materiales. Yo les contesté que en ese momento no pensé nada, simplemente un extraño impulso, al ver el extintor me empujó adentro de nuevo.

Mi madre, sin dejar de llorar, decía: “Es que mi hijo siempre ha querido ser bombero!!” (era una de las carreras que barajaba en aquellos momentos), y recuerdo que me dijeron: “Pues chaval, las prácticas ya las tienes aprovadas

A continuación, nos llevaron a mi abuela y a mí a la ambulancia de los bomberos, habíamos respirado muchisimo humo cenizas, yo incluso tenía parte del pelo quemado. Nos limpiaron con unos tubos extraños las fosas nasales y nos dieron a respirar un nosequé, para limpiar las vias respiratorias. Mi abuela no hacía más que darme abrazos y besos.

Me duché y me planté delante de un examen de matemáticas, que por supuesto dejé en blanco.

Mi abuela se pasó toda la tarde pegada al teléfono, creo que llamó a toda el listín telefónico. Me hacía gracia porque decía: “Micalet es el meu heroi”, una y otra vez.

Yo no quiero pensar que le salvé la vida, pero muchas veces he pensado… si esto le hubiese pasado en su otra casa y hubiese tenido que esperar a los bomberos?? O si no me hubiese atrevido a entrar, o si… Pero al final pienso, lo que pasó, pasó y no lo podemos cambiar y es mejor no darle vueltas al “que habría podido pasar”.

Hoy, 5 años después, mi abuela está más bien que bien, con 92 añitos a sus espaldas, sigue viviendo en el 8º, aunque tuvimos que pintar de nuevo todo el piso, porque el olor a barbacoa no se iba, sale a pasear todos los días, hace un arroz al horno pa’chuparse los dedos, y está más bien que bien.

Ya sabeis … los tontos llaman casualidad a la providencia.

Paz y bien, hermanos!!!

Mikel Perles “perlegrino”

3 comentarios »

3 comentarios a “23 de mayo del 2001 – Incendio en casa de mi abuela”

  1. Elenita, el 21 diciembre 2006 a las 14:56 h #

    Creo que había leído esta anécdota ya en los foros, y la verdad es que impresionó.Siempre tienes mil anécdotas que contar, mil aventuras…. y cosas como esta que te hacen replantearte muchas cosas.
    Casualidad o providencia?

    Gracias por el Blog MIkel!
    Besotes

    Elena

  2. Piña, el 24 enero 2007 a las 1:02 h #

    Ay hermiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Chumi, el 25 febrero 2007 a las 21:04 h #

    Vaya historia tio!!! Así que tb eres un apagafuegos no sólo metafórico, tb real. Suerte en tu vida maestro!!

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